Metallica guardó energías, pero dio de todos modos sorpresas durante su evento benéfico en Los Ángeles

No todo en la vida de los integrantes de Metallica está relacionado a presentaciones, grabaciones, juicios y conflictos internos. El cuarteto ha decidido aprovechar la fama mundial que tiene para participar no solo como invitada en eventos benéficos de distinta índole, sino también para crear una organización sin fines de lucro que, según lo que se indica en su portal, está dedicada a la educación de la fuerza laboral, la lucha contra el hambre y otros servicios locales de carácter esencial.

All Within My Hands -ese es el nombre de la institución – colabora con distintas entidades y tiene varios proyectos vinculados a atender las causas que propugna, pero su actividad más visible en los últimos años ha sido la realización de un concierto protagonizado justamente por Metallica que, en el 2018, se llevó a cabo en un recinto relativamente pequeño de San Francisco -la ciudad que funciona como base de operaciones para la banda de origen angelino-, que pasó al plano virtual en el 2020 debido a la pandemia y que se trasladó ayer al Microsoft Theater de Los Ángeles. El evento, que funciona también como acto de recaudación, se trasmitió en vivo de manera oficial a través de YouTube, Paramount+ y Pluto TV, pero ya no se encuentra disponible.

Tras la presentación de otra banda -más de eso al final- y una larga serie de discursos y videos relacionados a las labores de All Within Hands que fueron presentados por el conductor televisivo Jimmy Kimmel, Metallica ofreció no uno, sino dos sets, aunque ambos fueron breves y adoptaron de algún modo un perfil bajo que era de esperarse en vista de que el grupo está guardando sin duda lo mejor de su artillería para la gira mundial de dos años que acaba de anunciar, y en la que ofrecerá dos noches consecutivas en cada ciudad elegida, con repertorios completamente diferentes.

El primer segmento, de una media hora, fue el más calmado y accesible. No terminó siendo del todo acústico, como se predecía -el único que llevaba una guitarra de esa clase, y que permaneció sentado, fue el ‘frontman’ James Hetfield-, pero resultó particularmente tranquilo y se inclinó mayormente hacia los ‘covers’, con la interpretación de un tema de Thin Lizzy (“Borderline”), otro de UFO (“It’s Killing Me”) y uno más de dominio público (“Whiskey in the Jar”).

También figuró por ahí una versión irreconocible de “Blackened” (que pasó del thrash al country) y el clásico propio “The Unforgiven”, como parte de una entrega a la que se sumó en la guitarra y la mandolina Avi Vinocur, un multi instrumentista que había participado ya en los dos shows anteriores de All Within My Hands.

Con más poder

Luego de un corto intermedio, el grupo regresó al escenario sin añadidos para emprender una faena plenamente eléctrica que le sirvió para sacarle lustre a una reputación por la contundencia que, para disgusto de los fans originales, no ha sido una constante en su carrera. Abrir el set con “The Call of Ktulu”, el majestuoso instrumental de nueve minutos que cierra el inmejorable álbum “Ride the Lightning” (1984), resultó particularmente prometedor.

Sin embargo, este no era el show que esperaban los ‘headbangers’ más comprometidos, anhelando quizás que el conjunto repitiera lo que hizo hace menos de un mes en el Hard Rock Live de Florida, donde tocó únicamente temas de su primera etapa. No faltaron ayer, claro, ni “Creeping Death” ni “Seek & Destroy”, que corresponden al mismo periodo, pero que son prácticamente obligatorios en sus conciertos.

En realidad, el asunto se orientó hacia la faceta ‘mainstream’ del grupo, con tres interpretaciones de piezas provenientes del “Black Album” (“Holier than Thou”, “Enter Sandman” y “Nothing Else Matters”, esta última con la Intervención en la voz y la guitarra de la cantautora St. Vincent) y hasta una del disco más cuestionado de Metallica, “St. Anger”: “All Within My Hands”, que es originalmente acústica y que se hizo eléctrica esta noche, sin volverse por ello gloriosa. Curiosamente, se omitió “Master of Puppets”, que, a pesar de pertenecer al periodo original, empezó a escucharse por todos lados a partir de mediados de este año, luego de ser incluida en la cuarta temporada de la popular serie de Netflix “Stranger Things”.

Hacia la mitad del segmento eléctrico de cerca de una hora, alguien en la platea preguntó a gritos porqué no se tocaban temas nuevos, lo que no sonaba del todo descabellado en vista de que, hace poco, la banda dio no solo a conocer que había terminado ya de grabar un nuevo álbum titulado “72 seasons”, sino que ofreció una fecha de lanzamiento (el 14 de abril del 2023) y reveló incluso el nombre de todas las canciones que se incluirán en la placa.

“Tenemos que tocar los viejos”, respondió simplemente Hetfield tras repetir la pregunta para quienes no la habían oído. Pero había que imaginar también que la banda no quería poner todavía toda la carne en el asador y que, en este momento, las nuevas composiciones no se encuentran lo suficientemente ensayadas como para ser presentadas en vivo.

De izq. a der., Robert Trujillo, Lars Ulrich, James Hetfield y Kirk Hammett.

De izq. a der., Robert Trujillo, Lars Ulrich, James Hetfield y Kirk Hammett.

(Raul Roa/Los Angeles Times)

La nueva

El mismo fanático se salió parcialmente con la suya poco después, cuando el vocalista anunció que presentarían al menos el reciente sencillo “Lux Æterna”, que se lanzó el pasado 28 de noviembre y despertó toda clase de comentarios positivos debido a su rapidez y sus referencias a las raíces musicales del combo. Luego de un inicio falso debido a que el baterista Lars Ulrich tiró involuntariamente uno de sus platillos al suelo (inserta aquí tu broma si quieres), los cuatro músicos ofrecieron una interpretación afilada y convincente de la canción.

A lo largo de la presentación, los integrantes del grupo -incluyendo al hiperactivo bajista Robert Trujillo y al virtuoso guitarrista principal Kirk Hammett- se mostraron animados y relajados. “Tenemos juntos como 200 años”, dijo en algún momento Hetfield -quien no ha sido ajeno a la lucha contra las adicciones y la depresión-, minutos antes de presentar “It’s Killing Me”, una canción ajena publicada en 1981, un año que, en sus palabras, es particularmente importante en su vida, porque fue el que marcó la creación de Metallica.

En el 2018, el show tuvo como acto de apertura a Cage the Elephant, una aclamada agrupación de la escena ‘indie’ que, sin embargo, no tiene nada que ver con la escena del heavy. Esta vez, se colocó como “telonero” a Greta Van Fleet, un grupo que, sin estar realmente enmarcado en los lineamientos del metal, practica al menos un estilo más cercano al del subgénero y se ha vuelto inmensamente popular en los últimos tiempos, pese a las sonoras críticas que ha recibido debido al modo en que su estilo se asemeja al de Led Zeppelin.

Se diga lo que se diga, no deja de ser relevante para la supervivencia del rock que una banda joven, como esta, se encuentre abocada a interpretar con tanta solidez y profesionalismo una rama tan clásica y poderosa del género guitarrero, como lo hizo este viernes Greta Van Fleet mientras desgranaba seis temas que provenían esencialmente de su segundo álbum, “The Battle at Garden’s Gate” (2021) -a nuestro parecer, mucho más alejado de la influencia zeppeliniana que el anterior-, pero que le dejaron espacio a “Black Smoke Rising”, la melódica oda a las fogatas campestres que formó parte del EP del mismo nombre, publicado hace cinco años.

Una imagen del set ofrecido por Greta Van Fleet.

Una imagen del set ofrecido por Greta Van Fleet.

(Raul Roa/Los Angeles Times)

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