Mauro Castillo puso por todo lo alto a ‘Bruno’ durante un Oscar marcado por la violencia que él rechaza

Si queremos ponernos estrictamente técnicos, la reciente victoria de “Encanto” en la categoría de Mejor Película Animada del Oscar le corresponde a sus productores (Clark Spencer e Yvett Merino) y sus directores (Jared Bush y Byron Howard), como lo determinan los parámetros de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas.

Pero un triunfo de estas dimensiones afecta sin duda de manera tremendamente positiva a todos los que estuvieron involucrados en un proyecto semejante, y esto incluye a Mauro Castillo, el cantante y trombonista sudamericano que participó en la cinta tanto en su versión en inglés como en la que se hizo en español, interpretando el rol de Félix Madrigal, el alegre tío de la protagonista Mirabel.

Y hay mucho más, claro. Además de estar presente en la comentada y espectacular presentación en vivo sobre el tabladillo del Dolby Theatre de “We Don’t Talk About Bruno” (el tema procedente de “Encanto” que llegó a colocarse en la posición número uno del codiciado ranking mundial de Billboard), Castillo se convirtió con ello en el primer afrocolombiano en ocupar el escenario del Oscar.

“Pasaron muchas cosas especiales ese día en términos estadísticos, incluyendo el hecho de que ningún artista de salsa se había parado hasta entonces en esa tarima”, nos dijo Castillo durante una reciente entrevista, cuando se encontraba todavía en el Sur de California. “Y menos para cantar un chachachá, que es lo que es esencialmente ‘Bruno’. Por ese lado, también es importante que haya llegado hasta ahí un ritmo como este, para que cambie la narrativa sobre la cultura latina, porque este ha sido un proyecto transnacional con alcance mundial debido a su éxito”.

“Aquí en Los Ángeles he conocido a periodistas muy buena onda, muy respetuosos, que me dijeron que no sabían que en Colombia hay ‘afros’, pese a todo lo que hicieron el maestro Joe Arroyo y el Grupo Niche”, agregó el artista, quien fue de hecho parte de la citada institución tropical y grabó con ella dos discos. “En realidad, los terrenos que ellos abrieron tienen que seguir siendo cultivados, y esto le da de paso a otros la oportunidad de descubrir aspectos tuyos que desconocían, lo que da como resultado un intercambio muy chévere”.

La buena escuela

Como ya lo señalamos, Castillo interpreta a Félix tanto en la versión en español como en la de inglés de la película, lo que, por supuesto, no sucede siempre con los actores de voz. “Nací en Cali y estudié ahí música académica; soy tenor de ópera”, nos explicó. “Aprendí inglés leyendo manuales sobre audio, porque soy un amante del sonido y de los aparatos que tienen que ver con él, como los que usaban en los ’60 y los ’70, que trato de usar de algún modo en mis propios discos”.

“Vivo desde hace cuatro en Orlando, Florida, pero soy residente [de los Estados Unidos] desde hace 16 por algo que se llama ‘habilidades extraordinarias en la música’”, prosiguió. “No practicaba el inglés, y en la casa, la regla era hablar en español, para que mis hijos -tengo uno de 16 y una de 9- no perdieran el idioma. Pero cuando llegó lo de la película, a la que accedí a través de un ‘open casting’, hicimos un ‘switch’ y comencé a conversar más en inglés”.

Más allá de su talento como cantante y como trombonista, Castillo tenía experiencia en la actuación, ya que, por ejemplo, fue uno de los intérpretes principales de un ‘biopic’ televisivo sobre la vida del ya citado Joe Arroyo (“El Joe”), para quien compuso años atrás una canción, y había trabajado en el área del doblaje, porque fue director de una campaña de animación que se hizo para la versión colombiana del ‘reality’ musical ‘X Factor’.

“Al salir de Niche, fundé una compañía que hacía música para la industria de la publicidad y del entretenimiento, mientras desarrollaba paralelamente mi carrera solista usando mis propias canciones”, retomó el caleño. “Todos los saberes que fui adquiriendo en el camino para poder comunicarme a través del arte me terminaron llevando a esto”.

Una versión inesperada

En realidad, Castillo no actuó solamente sobre el escenario del Oscar, sino también entre las mesas llenas de celebridades mundiales, porque el acto musical entero -incluyendo al segmento en el que tuvo una mayor participación- se inició de ese modo antes de llegar a la tarima. Esto tiene que haberle producido cierto temor, como se lo comentamos.

“Joe Arroyo me dijo una vez: ‘El día que se te acaben los nervios, se acaba todo’. Siempre hay una emoción ahí, pero cuando has estudiado, eres constante y tienes experiencia, agarras consistencia y no tienes problema en hacer lo que tienes que hacer”, detalló. “Sabes que no puedes fallar, pero estás a la vez tranquilo; y el sentimiento que muestras es el que has tenido siempre”.

Hubo hasta tres ensayos antes del show oficial, lo que le permitió a Castillo saber que el acto finalmente mostrado iba a ser una “presentación especial” del mismo tema en la que, además de los intérpretes presentes en la película (como él y Carolina Gaitán), iban a participar el boricua Luis Fonsi, la mexicoamericana Becky G y la afroamericana Megan Thee Stallion, cuyos aportes terminaron siendo duramente cuestionados por muchos de los fanáticos de la canción original, que esperaban ver una versión mucho más apegada a la original.

Tras la gala, el mismo Castillo tomó con sentido del humor los comentarios adversos, compartiendo en su cuenta de Twitter un meme en el que el conocido dibujo del caballo que es dibujado inicialmente de manera magistral y luego con trazos extremadamente imperfectos era empleado para dividir los segmentos cantados por los colombianos y los que hicieron los demás.

“Yo entiendo la música que hago, y la música que hago es latina”, nos dijo el intérprete luego de reír a mandíbula batiente ante la mención que le hicimos de esta publicación suya en las redes sociales. “Pero he logrado entender que en estos shows hacer versiones especiales de las canciones es algo habitual y muy emocionante. Entiendo que quisieron hacer un homenaje a la trascendencia que ha tenido ‘Bruno’ en el mundo entero, y, por ese lado, lo de Fonsi tenía incluso sentido en vista de que Lin-Manuel [Miranda, el compositor de la pieza] es también de origen puertorriqueño”.

El artista colombiano en un estudio de grabación.

El artista colombiano en un estudio de grabación.

(Dima Osko)

Avances y tropiezos

En un nivel más amplio, la comunidad latina de ascendencia africana fue merecidamente celebrada con el triunfo de Ariana DeBose como Mejor Actriz de Reparto por su brillante intervención en la versión de “West Side Story” de Steven Spielberg. En el podio, DeBose señaló que ella misma era además la primera afrolatina ‘queer’ (no binaria) que recibía un premio de la Academia.

“La industria está buscando ahora historias con elementos particulares que les den color y fuerza, porque las temáticas que se tratan terminan inevitablemente siendo las mismas”, retomó Castillo. “Nuestro folklore, que está vivo y se siente en las calles -a diferencia de lo que ocurre en otros países-, le añade algo distinto a estas historias; y uno puede terminar estando ahí, a diferencia de lo que ocurre por ejemplo con las telenovelas colombianas, donde no hay afros, mientras que, cuando sales a las calles de mi país, ves una realidad completamente distinta”.

En las celebraciones posteriores a los Premios de la Academia, nuestro entrevistado conversó con algunas estrellas afroamericanas, como Serena Williams, la afamada tenista que aparece retratada en “King Richard”, y Wesley Snipes, el ídolo del género de acción hollywoodense. “¡Wow, hay cinco millones de afrocolombianos? ¡No puedo creerlo!”, me dijo él”, recordó Castillo. “Todo esto ha sido una gran oportunidad para que nos descubran y para descubrirlos a ellos también”.

Era imposible cerrar el tema del Oscar sin mencionar la sonora bofetada que Will Smith le propinó al comediante Chris Rock, y que el vocalista e instrumentista vio de primera mano (sin doble sentido) al asistir al Dolby. “Yo no justifico la violencia de ninguna forma; ni verbal ni física”, nos dijo nuestro interlocutor, luego de tomarse unos segundos para responder. “Creo que es urgente que [Smith y Rock] se junten y hagan un acto de reparación y de reconciliación mutua”.

“No está bien lo que pasó ahí. Hemos normalizado muchas cosas, pero el mundo está cambiando”, precisó. “Yo siento que perdí mucha paciencia durante la pandemia, pese a que he sido siempre una persona muy paciente con mi carrera y con las personas. Pero no me he vuelto violento; creo que eso no se justifica”.

Castillo considera que la violencia ejercida cuando uno es una persona de gran influencia dentro de cierto grupo es particularmente peligrosa. “Creo que en el mundo hay gente que es más compatible con otra y que se trata de un asunto personal, porque más allá de la raza, el credo o la posición política, no deberías pasar por encima de nadie, aunque piense o diga algo diferente a lo que tú piensas”, aseguró. “Es algo de la conciencia, del alma, y por lo tanto, no tiene color”.

“En este momento, debido a lo que ha pasado, yo también puedo ser influyente, y estoy tratando de llevar mi cultura y lo que represento a todas partes”, agregó. “Bajo esa perspectiva, el respeto tiene que estar siempre presente, pese a que algo así sea más difícil en estos días, porque las redes se activan mucho más con la individualidad, lo que afecta particularmente a los artistas, que tienen que estar pendientes de sí mismos todo el tiempo”.

Los pies en la tierra
Para contrarrestar los efectos negativos que pueden traer la popularidad y la fama, Castillo (dueño de una jovialidad y una sencillez que se hacen completamente evidentes cuando se conversa con él) se pone a pensar a veces en cuál es su meta en esta vida.

“Recuerdo entonces que estudié música, que mi intención es comunicar ‘bacanería’ [buena onda], generar otra clase de pensamientos y hacer que la gente la pase bien o reflexione de algún modo con una canción o una escena [en la que participo]”, afirmó.

Otra imagen del artista sudamericano.

Otra imagen del artista sudamericano.

(Dima Osko)

En ese sentido, se siente emocionado con lo que le sucedió hace unos días en el estudio de Warner Bros. al encontrarse ante una niña con Síndrome de Down para la que cantó y bailó un fragmento de “Bruno”. “El momento se hizo viral porque su papá, que es productor de una emisora de radio en Wisconsin, lo subió a las redes”, recordó. “A veces no es necesario producirse tanto ni pretender ser algo que no eres para llegar a mucha gente. Y llegar a mucha gente también es necesario, obviamente, porque el aplauso del Oscar no te da de comer”.

Por el mismo lado, Castillo, que ha grabado ya tres álbumes como solista, se encuentra abocado al próximo paso de su carrera, plasmado de manera inmediata en el lanzamiento de un nuevo sencillo, “Chacha Me”, cuyo nombre alude justamente al género musical practicado en “Bruno”.

“Veo que la gente está bailando mucho [el tema de ‘Encanto’], pero no tiene muy en claro lo que es”, retomó el artista. “Es un ritmo lento, lo que lo hace menos difícil de bailar, sobre todo si lo comparas con la salsa de Richie Rey y Bobby Cruz. Esta nueva canción, que he grabado tanto en español como en inglés, dice que con el cha cha chá puedes sacudirte de las ‘vainas’ [cosas] que no te gustan y quedarte con lo que te sirve para el camino”.

Esto no quiere decir que vaya a dejar de lado la salsa romántica y la ‘de golpe’, donde recurre a elementos de música del Pacífico y a otras formas regionales que le otorgan a su sonido un aire distintivo. “También tengo composiciones que tiran más hacia la World Music, porque me gusta que mis discos sean variados y divertidos”, comentó. “Por su lado, ‘Chacha Me’ tiene elementos mucho más modernos, pero sin caer en el reggaetón, porque eso sí que no me gusta”.

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