Luis R. Conriquez despliega sin clemencia sus ‘corridos bélicos’ en medio de Los Ángeles

El hecho de que un artista como Luis R. Conquirez estuviera presentándose en un escenario tan emblemático como el de Crypto.com Arena era ya inusual. Y aunque las tribunas del coloso angelino iban a estar llenas, eso no significaba que los asistentes al concierto ‘sold out’ del viernes pasado estuvieran dispuestos a conversar abiertamente con desconocidos, lo que tenía probablemente que ver con el aspecto algo polémico del artista que actuaba.

De hecho, tras varios intentos por obtener reacciones de los presentes, que rechazaron nuestros pedidos a veces de manera cortante -muchos estaban ya de lo más ‘animados’- y en otra ocasión al enterarse de que representábamos a la prensa del ‘mainstream’, logramos hablar brevemente y ‘off the record’ con un apacible señor que había acudido al lugar con su esposa y su hijo pequeño, lo que demuestra que el protagonista de la velada es seguido por personas de diferentes generaciones, sin que esto niegue lo bien que le va entre los más jóvenes.

La carrera como intérprete de Conriquez se inició hace solo tres años, pero él mismo se volvió extremadamente popular luego de colocarse en el codiciado ranking anual de los Top Latin Artists de Billboard a fines de 2021. Se ha distinguido por ser un abanderado hecho y derecho de los narcocorridos, esa vertiente de la música regional mexicana que no deja de ser controvertida debido a sus letras explícitas que hablan en ocasiones de personajes y sus actividades al margen de la ley.

Por si el asunto no estuviera todavía claro, al inicio de su show, mientras entonaba las notas de “Me metí en el ruedo”, uno de sus mayores ‘hits’, el oriundo de Caborca, Sonora -que graba para un sello llamado Kartel Music y que asegura interpretar una modalidad llamada ‘corridos bélicos’-, mostró un video en el que figuraba interpretando a un tipo que trabajaba en una gasolinera y que, luego de ser contactado allí mismo por un misterioso sujeto a bordo de una camioneta de lujo, aparecía ya en un estudio, grabando sus temas musicales. Conriquez tenía justamente ese trabajo antes de tomar la decisión de dedicarse al canto. Esa narrativa podría ser solo referencia ficticia.

Fuera de la ley

Este coqueteo permanente con lo prohibido es un elemento esencial en un género que tiene ya una larga historia, pero que no ha dejado nunca de ser riesgoso. Hace solo unos días, el Grupo Arriesgado -cuyo nombre no es gratuito-, procedente de Costa Rica, Sinaloa, tuvo que suspender un concierto en Tijuana debido a las amenazas públicas del Cártel Jalisco Nueva Generación, disgustado por unas letras del conjunto que aluden a sus rivales en el negocio. Y los asesinatos de figuras emblemáticas como Valentín Elizalde -en noviembre de 2006- y Chalino Sánchez -en mayo de 1992- por razones similares o misteriosas no han pasado precisamente al olvido.

Elizalde fue justamente recordado en el tabladillo principal de LA Live cuando Conriquez presentó su propia versión de “A mis enemigos”, una composición dedicada al narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán que, según muchos, fue responsable de la muerte de su autor a manos del Cartel del Golfo. De hecho, “El Chapo” parece ser una figura esencial en el imaginario de Conriquez, quien vende gorras con el lema “JGL”. Además de remitir de inmediato al exlíder del Cártel de Sinaloa, estas siglas conforman el título de una popular canción suya que se escuchó también el viernes.

Eso no quiere decir que el miedo se respirara en el cómodo recinto donde se dio el show, ni mucho menos. Los Ángeles es no solo un territorio mucho menos peligroso para esta clase de proclamas, sino uno que proporciona también diversas opciones musicales y de colaboraciones que no fueron ajenas para Conriquez, quien vive actualmente en Guadalajara, pero que, en Crypto.com Arena, le tendió la mano a algunas de las propuestas locales vinculadas a los corridos tumbados, una vertiente nueva que incorpora elementos del hip hop y del trap mientras cuenta historias urbanas, desarrolladas muchas veces en barrios pertenecientes al Sur de California.

De ese modo, a la mitad de la presentación, realizada a manera de palenque -es decir, con el escenario levantado al medio del auditorio-, Conriquez invitó a la tarima a dos jovencitos con aspecto de raperos -llevaban incluso las gorras al revés- para interpretar un par de piezas que iban por ese lado. Poco después, hizo lo mismo con Ángel Quezada, más conocido como Santa Fe Klan, un joven y ya famoso rapero que, pese a no ser estadounidense -nació y se crio en Guanajuato, y se trasladó luego a Guadalajara-, se ha dado a conocer por su participación en composiciones que tienen que ver tanto con el hip hop como con los corridos y la cumbia.

Otro momento del concierto.

Otro momento del concierto.

(James Carbone)

Fiesta bien puesta

En esos momentos, los efectos del consumo de licor -que es inevitable en estos espectáculos- eran ya evidentes en Conriquez, cuyas palabras al cantar resultaban cada vez menos comprensibles. Sin embargo, la mayor parte del show -en el que no faltó, por supuesto, el éxito más grande de su temprana carrera, “El búho”- se desarrolló en medio de un ambiente completamente profesional y caracterizado por unos arranques instrumentales dueños de una calidad que no sorprendió encontrar en una velada de este género.

Además de contar con una banda sinaloense completa, el artista estuvo secundado por un conjunto sierreño y hasta tres percusionistas, lo que le permitió transitar entre diferentes estilos e intensidades. “El Gavilán”, por ejemplo, contó con unas interesantes sonoridades españolas; “Y cómo quieres que te quiera” se metió en terrenos mucho más cercanos a la quebradita; y tampoco faltaron las baladas románticas con las que el mismo cantante ha ido animando su repertorio, entre ellas “Es amor” y “Vete ya”, que no son realmente las más apropiadas para el estilo vocal rudo que maneja, pero que parecen ser necesarias hasta para los más ‘pesados’ debido a las exigencias del mercado.

La actuación de Conriquez fue antecedida por la del ‘telonero’ Julián Mercado, procedente de la misma región que la estrella de la noche. En lugar de ser un simple acto de relleno, Mercado -que además de ser vocalista es un excelente intérprete del bajo sexto- ofreció un set vibrante y contundente donde las canciones llegaron hasta la audiencia sin mayores intermediarios, interpretadas con un formato sierreño de instrumentos que pese a ser acústicos eran aporreados con energía rockera, y coronadas constantemente por impresionantes solos (o ‘requintos’), así por la labor de un tololoche incansable y definitivamente ‘funkero’.

Al igual que Conriquez, Mercado alternó los corridos explícitos -entre ellos, “El Mencho” y “El Convoy del Pelo Chino”- con piezas románticas -como “Ya te perdí la fe” y “Maquillaje a granel”-, y a pesar de que su nombre no es todavía reconocido de manera masiva, logró que los presentes corearan sus temas y celebraran su participación.

Julián Mercado se encargó de abrir el espectáculo.

Julián Mercado se encargó de abrir el espectáculo.

(James Carbone)

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