Julieta Venegas analiza su nuevo álbum, su legado, el feminismo que profesa y su colaboración con Bad Bunny

Hace dos semanas, formó parte de Bésame Mucho, el ambicioso y controvertido festival que se llevó a cabo en las inmediaciones del Dodger Stadium de Los Ángeles y que convocó a cerca de 60 artistas en una sola jornada, con todo lo que eso conlleva.

Su presentación se produjo relativamente temprano, y como sucedió con muchos de los demás actos, se vio perjudicada por deficiencias de sonido. Sin embargo, a diferencia del reclamo airado (pero justo) de algunos de sus colegas ante los hechos -¿alguien dijo León Lárregui?-, Julieta Venegas tomó las cosas con calma y se mostró siempre agradecida por estar participando en un evento que, según algunos cálculos, convocó a cerca de 60 mil personas.

Aunque su set fue muy breve -de nuevo: fueron cerca de 60 artistas en una sola jornada-, la autora de “Hoy no quiero” decidió interpretar hasta dos canciones de su nuevo álbum, “Tu historia”, que había sido lanzado poco antes y que, debido a su carácter independiente, resulta todavía desconocido para quienes no sean ya sus seguidores incondicionales, lo que es cuando menos inconveniente cuando se sabe que se trata de su primer trabajo de material propio en siete años (el anterior, “La enamorada”, del 2029, estaba basado en una obra teatral argentina).

Para solucionar eso, la cantautora aprovechó su visita al Sur de California para reunirse también con la prensa, lo que dio como resultado la extensa entrevista en texto y en video que te ofrecemos a continuación, y en la que, además de hablar del disco producido por el chileno Álex Anwandter, se refiere a otros temas de interés vinculados a su carrera y a su entorno, sin dejar de lado la polémica colaboración musical que tuvo con Bad Bunny y que se llevó hace poco el Latin Grammy a la Mejor Interpretación de una Canción de Reggaetón.

Hola, Julieta. Estoy en Long Beach, la ciudad californiana en la que naciste antes de vivir en Tijuana, Ciudad de México y, ahora, Buenos Aires.

Sí, pero no vivimos ahí, y creo que he ido una sola vez después. Mis papás vivieron durante un tiempo en Glendale, porque mi papá estaba estudiando fotografía, y la primera tanda de hijos fuimos de ahí; de Glendale, San Diego, Los Ángeles. Yo tenía un año cuando nos fuimos a Tijuana.

Háblame por favor del proceso de creación de “Tu historia”, el primer disco de material inédito que lanzas desde “Algo sucede” (2015), que te dio el Latin Grammy al Mejor álbum de Pop/Rock. Tardó en hacerse.

Empecé a escribir sin saber que se trataba de un disco, porque estábamos en medio de la cuarentena y necesitaba tener un espacio para salirme de la vorágine de esa incertidumbre que estábamos viviendo. Cuando empecé a trabajar con Álex [Anwandter], no pudimos hacerlo del modo en que estaba planeado; grabamos la mayor parte en Nueva York durante el 2021, pero tuvimos que esperar ocho meses más para poder contar con el ensamble de quince cuerdas que queríamos utilizar. Terminé asumiendo que se iba a demorar, que no valía la pena poner en riesgo a tanta gente.

¿Por qué decidiste trabajar con Anwandter?

Lo que me gustó tanto de él e hizo que las cosas avanzaran de manera tan fluida es que piensa igual que yo, porque no todos los productores piensan en el tema de las canciones, sino que se centran en el sonido y no trabajan la parte de la composición, que para mí es la más importante. Eso es lo que más me ha gustado de trabajar con Gustavo Santaolalla y ‘Cachorro’ López, porque ellos también se interesan primero en que cada canción sea redonda, y yo soy compositora.

La artista en una imagen promocional.

La artista en una imagen promocional.

(Agustina Puricelli)

Con Álex, fue importante elegir las canciones y decidir después qué sonido queríamos, qué instrumentos. A mí me ha parecido siempre irresistible la combinación de lo acústico y lo artificial, de las cuerdas y el acordeón con el sintetizador.

Yendo a las canciones, “Caminar sola” habla de los riesgos a los que se exponen las mujeres simplemente por salir a la calle. Y pide también que se cambien las maneras de pensar, una invocación que no sé si está hecha para ellas o para los hombres.

Es un mensaje para los hombres, pero es algo que discuto siempre con mi hermano, porque él me dice “yo no soy machista”, y yo le respondo “no, no lo eres, pero vivimos en un patriarcado gigantesco donde a todos nos toca un papel”. Los hombres han tenido muchas imposiciones sobre cómo tienen que ser y cómo tienen que actuar, y pasa lo mismo con las mujeres.

Pero los hombres sí pueden caminar solos en la noche; no en una ciudad peligrosa, claro, aunque es de todos modos muy diferente para ellos. El cuerpo de la mujer tiene muchos simbolismos que van más allá de una mujer en concreto.

La única manera en que podemos empezar a cambiar esto es por la reflexión, por que te pongas en mi lugar y trates de imaginarte lo que es caminar con un cuerpo de mujer, tener que irte de una fiesta antes de tiempo para no estar afuera a las tres de la mañana. Yo no pienso que haya que extraer a los hombres del diálogo, porque, para mí, la sociedad la hacemos hombres y mujeres.

En ese sentido, la situación es particularmente grave en México, porque se están produciendo por allá muchos feminicidios y secuestros, lo que quiere decir que la canción resulta más impactante al ser escuchada en el país que más te representa.

Sí, y yo la escribí como mujer mexicana, como alguien que ha sentido siempre ese miedo. Lo que se me hace muy fuerte es que es justamente en México donde hay más gente que se irrita cuando yo hago canciones como esta, porque el feminismo está mal visto. Siento que se está creando un malentendido gigantesco con el feminismo, porque en México se percibe a la mujer con una idea que tiene que ver con la sumisión.

Si una mujer está enojada, es una mujer desubicada, básicamente. Hay mujeres que están muriendo todos los días, ¿y no podemos levantar la voz porque eso contradice la imagen de la madre perfecta, de la protectora, de la cocinera, de la que está siempre callada? Por ese lado, hay una generación de mujeres que me inspiran mucho. Cuando empezaron a salir a las calles a marchar, no me animé a hacerlo -ahora sí lo hago-, porque no lo veíamos como una posibilidad. Va a ser un camino largo, sobre todo en México.

También hay confusiones relacionadas a ciertos géneros musicales. Tú colaboraste hace poco con Bad Bunny en el tema “Lo siento BB:/”, y no consideras que él sea un misógino, obviamente.

Las canciones suyas que he escuchado, que son bastantes, tienen a personajes femeninos que deciden, que quieren tener sexo o no, pero que no son mostradas como objetos. Yo no lo siento como una agresión, a diferencia de lo que pasa con mucha gente no solo del reggaetón, sino también del regional y de otros estilos de música, que sí me hacen decir: “¡Ouch! ¿En serio dijiste eso?”

Al mismo tiempo, no creo en la censura, en que hay cosas que tienen que existir y otras que no. La música es un retrato de lo que sucede, y no me parece que sea contradictorio que yo haya hecho una canción con Bad Bunny, porque no lo veo como un artista misógino. Hay gente que generaliza, cuando el reggaetón, el trap y todo lo urbano tienen diferentes ramificaciones, como sucede con el rock o con la misma música regional.

Otra imagen promocional reciente.

Otra imagen promocional reciente.

(Agustina Puricelli)

Me gustó muchísimo trabajar con Bad Bunny y con [el productor] Tainy, empezando porque fue muy estimulante que [el segundo] me pidiera que escribiera una respuesta a lo que [el primero] decía, y no que cantara algo que ya estaba hecho. Además, yo creo que ellos son genuinos, te gusten o no; escriben de lo que son, de lo que sienten.

Has dejado en claro que no quieres encasillarte en un solo género, pero el hecho de que hayas surgido de la escena del Rock en Español te vuelve más susceptible a las críticas por hacer algo así.

Le pareció muy ‘shockeante’ a mucha gente. El primero que [se espantó] fue mi hermano; “no me gusta que hayas hecho esto y no me gusta que te rechacen”, me dijo. Y hubo gente que dijo: “Se acabó Julieta Venegas para mí”. Me parece que los prejuicios son un poquito anticuados. Quedarte en un solo lugar y decir que nunca vas a aceptar otra música porque está en contra de la que escuchas habla más de la persona que lo siente que de la música a la que se refiere,

Hablando de diversidad de géneros, el nuevo álbum incluye también “Despechada mexicana”, una ranchera que, sin embargo, no adopta la figura clásica de la mujer sumisa, sino todo lo contrario. Es cantada por una que habla de quererse a sí misma, incluso de complacerse a sí misma. Imagino que no fue gratuito que usaras un género tan tradicional para construirla.

Una de las personas que más quiero en el mundo, y uno de los compositores que más me ha influenciado, es José Alfredo Jiménez, el despechado por excelencia, el macho mexicano por excelencia, el que hablaba constantemente en sus composiciones de la mujer mala que lo había dejado.

Y muchos de los estereotipos de la canción mexicana salen de ahí, de ese bagaje de creaciones de una persona que era parte de una sociedad entera que vivía bajo una sombrilla patriarcal. Pero eso no impide que me parezca súper sensible y súper sincera la manera en que dice las cosas.

La “despechada mexicana” es más una mujer del siglo XXI, y es probable que sea también una respuesta a lo anterior, desde otra posición y desde otra época. No me siento agredida cuando escucho a José Alfredo, pero es machismo puro, por supuesto.

Tus letras hablan constantemente de amor y de desamor, es decir, la misma temática por la que se descalifica frecuentemente a los artistas comerciales de pop. Pero tú logras darle al mismo tópico un giro interesante que, como lo hemos hablado, incorpora a veces asuntos incluso sociales.

El amor me gusta mucho en todas sus formas. Me parece muy inspirador y es un material importante de mis canciones. Pero me gusta cambiar las perspectivas, cambiar los papeles. No creo que haya una sola manera de contarlo: están la añoranza, el deseo, ciertas cosas que puedes usar una y otra vez, pero me gusta, por ejemplo, la canción “El mismo amor” [de este mismo álbum], que es de amor, evidentemente, pero habla de un amor en conflicto.

No es un final, no es un principio, sino una situación tensa. Fue la última canción que escribí para el disco, y cuando Álex me pasó el ritmo, me di cuenta de que ahí podía contar lo que fuera y que podía hacerlo incluso bailando. Para mí, las letras son igual de importantes que la música; pienso en las canciones como historias pequeñas, como cuál es la situación en que está la persona que las protagoniza.

Han pasado 25 años desde el lanzamiento de tu primer álbum, “Aquí”, y a estas alturas, se dice que fuiste responsable del surgimiento de artistas como Natalia Lafourcade, Ximena Sariñana y Carla Morrison, entre muchas más. ¿Te sientes de algún modo como la matriarca?

Siento que se ha enriquecido mucho más el universo musical desde que hay más mujeres compositoras dando vueltas con sus mundos particulares, porque tú dices que se parecen [a mí], pero yo no siento el parecido para nada. De hecho, muchas de ellas me estimulan directamente, como es el caso de Natalia.

No sé si soy la matriarca; yo me inspiro mucho con muchas artistas jóvenes. Cada vez hay más posibilidades para mostrar tu proyecto, porque cuando grabé mi primer disco, a lo mejor había menos mujeres en esto -como Ely Guerra y Aurora y La Academia-, y las disqueras no sabían muy bien qué hacer con ellas. Quizás lo único que yo he hecho es sentar un antecedente en el tema de las disqueras, en el tema de la industria, porque me fue bien en algún momento y nadie me impuso nada debido a que soy compositora. Pero eso también ha cambiado, porque ahora, como artista independiente, las plataformas digitales te dan la posibilidad de mostrar tu música sin filtros.

¿A qué mujeres estás escuchando ahora?

Me gustan mucho las raras. Juana Molina es siempre un referente. De las jóvenes, está María Blaya, una ‘chava’ española que se me hace muy bonita y muy especial; hay otra que se llama Kora, que también es española, y de las mexicanas, hay una ‘chavita’ súper chiquitita, mexicano-estadounidense, que se llama Poe Leos, y que me parece muy linda, porque se ve que hay una generación que está mezclando mucho el español y el inglés, lo que es muy interesante porque también puedes mostrar tu identidad en la música que haces. No se está clavando en hacer algo que suena anglosajón, sino que mezcla cosas. Y, por supuesto, también hay artistas anglosajonas y europeas, como Julia Holter y Aldous Harding, que me recuerda mucho a PJ Harvey.

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