Hay una ‘Luz al final del túnel’: Pero del túnel de la calle 3ra del centro de la ciudad

Hay un corazón.

Hay un arcoíris.

Y hay un perro, un chihuahua, Fionna, quien es pequeña incluso para su raza.

Es un escenario apropiado para la instalación de lo que podría decirse que es la obra de arte público más seria de Los Ángeles, que está en marcha a la salida del túnel de la calle 3ra en el centro de la ciudad. El trabajo de neón, un corazón resplandeciente de 22 pies de altura instalado en un arcoíris luminiscente titulado “La luz al final del túnel: Corazón de Los Ángeles”. Es el ardiente mensaje pandémico de la artista Tory DiPietro dirigido a la ciudad, a medida que las tasas de infección por COVID continúan disminuyendo. ¿La perrita? Simplemente va a todas partes con DiPietro.

El túnel está cerrado al tráfico en este momento mientras los trabajadores de la construcción levantan la parte superior de un enorme corazón de acero rojo sobre el paso subterráneo. (Desde entonces ha reabierto y permanecerá así). El corazón estará retroiluminado con tubos de neón que brillarán vibrantemente después del anochecer. Un recorte de aluminio de las palabras “Los Ángeles”, escrito con la letra de la artista y bañado en luz blanca, estará al frente del corazón. Varias de las vigas de concreto del túnel, que se extienden horizontalmente a través del techo, también están bordeadas con neón, cada una de un color diferente del arcoíris. Formarán un “arcoíris de luz” cilíndrico que los autos atravesarán, convirtiéndose en una experiencia artística inmersiva, multicolor y en movimiento que irradia positividad y esperanza.

¿Mencionamos que también hay conejitos aquí? Hay un automóvil verde salvia compacto estacionado junto a la salida del túnel, uno con conejos de caricaturas en ambos lados, pintados por un muralista de Venecia. Encaja perfectamente en la mezcla circundante de sinceridad y ternura.

De repente, la puerta delantera del auto se abre y DiPietro aparentemente cae, una maraña de texturas y colores. Ella está acunando varios objetos sueltos en sus brazos: un café helado extragrande que gotea con condensación, llaves que tintinean, un plumón Sharpie destapado y el chihuahua que ahora se retuerce. La capucha de su parka de colores brillantes se ajusta con fuerza alrededor de su rostro para que ella misma esté instalada en un arcoíris de piel sintética. Sorbe el café, rasca la cabeza de Fionna con las uñas de color azul eléctrico y muestra una sonrisa desproporcionadamente grande.

“Hola”, dice con entusiasmo, señalando la construcción. “¡Esto realmente está sucediendo!”.

Construction workers install a giant heart at one end of the 3rd Street Tunnel.

Trabajadores de la construcción instalan una parte de un corazón de acero, parte de la obra de neón de Tory DiPietro “La luz al final del túnel: Corazón de Los Ángeles”, en un extremo del túnel de la calle 3ra en el centro de Los Ángeles.

(Francine Orr / Los Angeles Times)

Tory DiPietro's neon work.

La obra de arte de neón, completamente instalada, a la salida del túnel de la calle 3ra.

(Francine Orr/Los Angeles Times)

“La luz al final del túnel” se estrena el jueves. DiPietro concibió la obra y fue producida por el exgerente general del Departamento de Asuntos Culturales (DCA por sus siglas en inglés), Adolfo Nodal, quien tiene una historia con el neón en la ciudad. Durante su mandato en el DCA, Nodal encabezó la restauración de alrededor de 150 letreros de neón antiguos en Hollywood, el centro y a lo largo del corredor de Wilshire.

Para el trabajo de DiPietro, Nodal obtuvo recursos de la ciudad y el condado de Los Ángeles, así como de personas y varias organizaciones benéficas, incluidas la Fundación Comunitaria de California y la Fundación Weingart. El centro cultural del centro de Los Ángeles, LA Plaza de Cultura y Artes, es el patrocinador fiscal. La obra estará instalada durante dos años y es posible que permanezca allí de forma permanente, indica Nodal.

“Eventualmente podría ser parte de la colección de la ciudad, la ciudad sería dueña”, explica. “Realmente no hay razón para quitarlo”.

Nodal conoció a DiPietro en 2019 durante una visita a su estudio; estaba considerando incluirla en una muestra de arte que estaba organizando, “Punk Neon”. En abril de 2020, durante las primeras semanas de cuarentena, DiPietro contactó a Nodal y le presentó su idea de arte público. Fue un momento oscuro para pensar en corazones y arcoíris. Pero DiPietro no es ajena a los tiempos oscuros, ya que creció en Los Ángeles con un padre que murió de una sobredosis de drogas cuando tenía 15 años. Pensaba a largo plazo. El optimismo siempre ha sido su alma.

“He visto de primera mano cómo puedes vivir toda una vida en la oscuridad y, boom, cuando esa luz se enciende, se enciende”, enfatiza DiPietro. “Fue muy sombrío [en abril de 2020]. Pero en mi mente, estaba como: ‘No puedo decir cuándo, no puedo decir cómo, pero esto mejorará’. Habrá luz al final del túnel, llegará’”.

DiPietro, quien se identifica como mexicana italoamericana, creció con su padre en Montebello y su madre en Temple City. Era un “diferente tipo de fondo”, como ella lo describe. Su padre cultivó y vendió cannabis ilegalmente para ganarse la vida en los años 80 y 90. Para su familia, el dinero era como el océano: A veces llegaba en grandes olas y luego retrocedía con la misma rapidez. Algunos días iba a la escuela secundaria con $1,000 en efectivo en el bolsillo; otros días tenía que pedir prestados $5 para salir adelante o ella, junto con su madre soltera, quien trabajaba como operadora telefónica en AT&T, cenaban tortillas y mantequilla.

Sin embargo, el arte fue una constante y estabilizó a DiPietro. Desde que tenía 4 años quiso ser artista. Pintó al óleo sobre papel de desecho, hizo murales callejeros con amigos, cubrió las paredes de su dormitorio con flores de papel.

“Pero nunca pensé que podría ser artista [profesionalmente]”, menciona DiPietro. “Siempre estuve muy condicionada a creer que eso estaba fuera de mi alcance. Porque yo era una mujer, porque no tenía ninguna habilidad increíble, porque vengo de, se podría decir, una educación precaria”.

Después de la preparatoria y un semestre en Pasadena City College, DiPietro se embarcó en una serie de trabajos ocasionales: camarera, coctelería, ayudar con el diseño de vestuario, trabajar como gerente de oficina para una empresa de canaletas para lluvia. Continuó haciendo arte por diversión, tomando clases de cerámica y pintando sobre trozos de madera que encontraba, que dejaba en la calle para que los transeúntes se los llevaran.

Entonces, una noche, la inspiración que le cambió la vida llegó mientras comía tacos.

Desde la infancia, DiPietro había llevado un lugar feliz en su cabeza, un jardín imaginario de plantas y flores brillantes al que podía escapar. En el puesto de tacos esa noche, “vi el letrero de neón y encendió. ‘¡Dios mío, las plantas en mi cabeza son de neón!’”, comenta. “Tenía 25 años. Me tambaleé durante años, pero nunca [lo olvidé]”.

A neon sign at the end of a tunnel.

DiPietro concibió la obra y fue producida por el exgerente general del Departamento de Asuntos Culturales, Adolfo Nodal, quien tiene una historia con el neón en la ciudad.

(Francine Orr / Los Angeles Times)

A woman sits in the road outside a tunnel, holding a chihuahua, her face framed with fuchsia faux fur.

La artista Tory DiPietro y Fionna.

(Francine Orr / Los Angeles Times)

En 2017, cuando tenía poco más de 30 años, DiPietro se inscribió en un taller de neón en el Distrito de las Artes del centro de Los Ángeles. Tenía $12 en su cuenta bancaria en ese momento, dice, y pidió prestado el dinero para la clase. Pronto comenzó a vender obras de neón a pequeña escala en el sitio web 1st Dibs, a través de la tienda Merit y luego en Hitman Coffee, un lugar de membresía y personas amigables con la marihuana, en medio de bongs de vidrio de alta gama. La adyacencia a la industria del cannabis se sintió natural, comenta. “Siempre tuve conexiones en ese mundo, esos eran mis amigos con los que crecí”.

A partir de ahí, “realmente despegó para mí”, agrega. Desde 2018, ha vendido más de 200 piezas de neón y se ha mantenido a sí misma a través de su arte, principalmente vendiendo en Instagram.

A medida que continúa la instalación en el túnel de la calle 3ra., Fionna ahora corre en círculos cerrados en medio de la calle, ladrando agudamente. DiPietro la levanta y asegura al perro debajo de su axila, como un bolso de mano.

“Tiene frío, miedo, ansiedad, se parece mucho a mí”, comenta DiPietro, riendo.

DiPietro, quien ahora tiene 38 años, ha luchado contra la ansiedad y la depresión a lo largo de los años. Pero trabajar en “La luz al final del túnel” la ha cambiado.

“Soy una persona completamente diferente de lo que era hace dos años. Me he cimentado de forma distinta y he mantenido la fe, de maneras diferentes, en que llegaría a mi destino final”, explica. “Toda mi vida estuvo llena de obstáculos y dificultades. Cuando experimentas tantas cosas como esas tan joven, te cansas, te endurece. Me hizo muy desconfiada. Tuve que desaprender todo eso, volver a mi corazón y a mi verdadero yo, la persona que podría dedicar dos años de su vida, sin paga, para hacer algo como esto”.

Se enorgullece de ser una mujer que trabaja con neón, un medio costoso y tradicionalmente masculino. Pero especialmente al hacerlo contra viento y marea.

“Vengo de la nada y construí esto, y en un medio difícil”, comenta. “Siempre trato de brillar, de ser la persona que necesitaba cuando era más joven”.

La ubicación de la obra de arte es clave, detalla DiPietro: Es el lugar de las protestas tras el tiroteo policial de Jacob Blake en agosto de 2020, y DiPietro tiene la intención de que la pieza hable de justicia social. Posicionar la obra en un lugar tan público destaca la necesidad de accesibilidad al arte.

Tory DiPietro and her chihuahua stand by the words "Los Angeles" in a white script aluminum cutout.

Tory DiPietro, de 38 años, con su chihuahua, Fionna, y un recorte de aluminio de las palabras “Los Ángeles”, que se instalará como parte de la obra de neón “La luz al final del túnel: Corazón de Los Ángeles”.

(Francine Orr / Los Angeles Times)

Workers install a large red heart above one end of a tunnel.

La obra de arte incluye 540 pies lineales de tubos de neón que se extienden hasta las vigas de concreto en un extremo del túnel

(Francine Orr / Los Angeles Times)

“Ha sido muy importante para mí traerlo a la calle, donde cualquiera pueda verlo”, explica. “Al crecer, no podía simplemente ir al museo; si mi madre tenía que trabajar, no podía ir”.

Nodal dice que ve la obra de arte como un “servicio esencial” en la era de la pandemia.

“Los artistas son grandes sanadores”, señala. “Es una forma de sanar a la comunidad y devolver estas imágenes positivas que todos necesitamos”.

La obra de arte del túnel es solo una pieza de un proyecto mucho más grande, indica Nodal. Hay planes en marcha para un festival callejero anual, denominado Through the Rainbow, que probablemente debutará en junio. Nodal espera realizarlo en el sitio del túnel, celebrando las comunidades multiculturales de Los Ángeles con comida, música en vivo y un desfile de “lowriders” y otros autos.

Nodal también espera convertir ese “espacio muerto”, como él lo llama, que se encuentra al final del túnel, situado entre torres de oficinas y rampas de autopistas, en una plaza para peatones.

“Se supone que esta es una obra de arte icónica para la ciudad”, subraya. “Espero convertir esto en Rainbow Square para Los Ángeles”.

¿Y cuando llueve?

“Si el camino se moja, reflejará el arcoíris”, dice DiPietro, con los ojos brillantes. “El rayo púrpura está justo al final, así que, técnicamente hablando, cuando llueve, deberíamos tener algo de lluvia púrpura”. Luego: “Súper fan de Prince”.

A medida que la instalación se acerca a su finalización, DiPietro se agacha junto a una pieza de su corazón de acero y firma la parte posterior antes de que se levante en una grúa y se fije al concreto.

Es posible que la pandemia no haya terminado, aclara, pero la obra de arte, iluminada o apagada está destinada a brindar sustento.

“Quería recordarles a todos que no importa cuán oscuras se pongan las cosas, siempre hay esperanza”, señala. “Siempre hay luz, siempre estará ahí, incluso cuando no puedas verla”.

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