Estos fueron los logros y las deficiencias del descomunal festival Bésame Mucho

En cierto momento, casi al final del festival Bésame Mucho, mientras recorríamos a pie las áreas que rodeaban a los cuatro escenarios habilitados para el ambicioso y masivo evento que se realizó el sábado pasado en el estacionamiento del Dodger Stadium, escuchamos casi de manera simultánea “Tu sonrisa”, de Elvis Crespo; “Mala hierba”, de Alejandra Guzmán; y “La puerta negra”, de Los Tigres del Norte.

Exponerse a éxitos tan grandes y tan diversos de la música latinoamericana mientras eran presentados por sus intérpretes originales -porque eso es lo que estaba pasando- es una experiencia que no se produce todos los días; y eso es justamente lo que buscaba ofrecer el maratónico espectáculo, que contó con la presencia de casi 60 artistas y que, según algunos cálculos, convocó a cerca de 60 mil personas desde el mediodía hasta la medianoche del 3 de diciembre.

Claro que poder disfrutar realmente de esta saludable mezcla no era una tarea fácil, ni mucho menos, lo que es absolutamente natural en los festivales de ciertas dimensiones pero que, en este caso, se vio incrementado por un exceso de presentaciones que generó indudablemente entusiasmo entre los latinos que gustan de diferentes géneros musicales, pero ocasionó a la vez más de un problema de logística y perjudicó la calidad de sonido de varios de los artistas invitados.

Miles de personas asistieron al evento.

Miles de personas asistieron al evento.

(Raul Roa/Los Angeles Times)

Antes del sábado, en las redes sociales, los comentarios sobre el modo en que se había planeado el evento -que se adjudicó el rótulo de ‘sold out’ desde el pasado mes de febrero, a pocos minutos de poner en venta sus entradas- incluían pedidos para que este se desarrollara a lo largo de más días debido a la abundancia de actos, reclamos ante el inesperado anuncio de que solo podrían obtener un espacio de estacionamiento pagado quienes llegaran en autos con cuatro personas o más y dudas razonables sobre el buen desarrollo de una empresa tan exigente.

Tras haber estado ahí, podemos decir que, en términos generales, las cosas salieron mucho mejor de lo que se podía esperar, lo que tiene sentido en vista de que este era un espectáculo organizado en parte por los promotores de Tropicália (un festival similar que ha tenido varias ediciones exitosas) y Live Nation. Durante los horarios estelares, todo se escuchaba bien en los distintos escenarios, y los sistemas de luces y de videos cumplían a cabalidad su cometido. Pero no todo fue color de rosa.

En el ruedo

Además de ofrecer todos sus éxitos en el escenario Las Clásicas -“Somos más americanos” fue un momento particularmente destacado de su set-, Los Tigres del Norte invitaron en cierto momento a un mariachi y a un vistoso grupo de ballet folklórico para pasarse entre ellos el micrófono y ofrecer un popurrí acústico de piezas mexicanas tradicionales -entre ellas, “De qué manera te olvido”, “Hermoso cariño” y “Por tu maldito amor”- que reveló las limitaciones vocales de algunos de sus integrantes, pero que se convirtió en un sentido tributo al ya fallecido Vicente Fernández, el ídolo que las popularizó.

Cerca de allí, en el escenario Te Gusta el Pop? (así, sin el punto de interrogación inicial), Alejandra Guzmán contaba con su ronca voz las desventajas de “Hacer el amor con otro”, su emblemática ‘power ballad’, y le pedía a la audiencia que gritara con fuerza para “que se oiga que esto no es ‘playback’, en probable alusión a lo que había sucedido antes en el mismo tabladillo.

Ya habíamos visto allí a Fey, quien cantó de hecho sobre una voz pre grabada y usó pistas para todas las partes instrumentales; pero no sabíamos si la ‘Reina del Rock’ -que, como pueden ver, no estaba en el escenario Rockero, pese a que su banda tenía toda la actitud y el estilo propio de la escuela guitarrera- se refería a ella o a otros de los que se presentaron en un escenario que contó también con la actuación de Paulina Rubio y de OV7 y que, según lo que nos han contado otros asistentes, tuvo serios problemas de sonido a lo largo de la jornada.

Pese a la diversidad musical que el festival prometía, no era un secreto para nadie que el lugar más emocionante iba a ser el escenario Rockero, que era el más grande de todos y aseguraba la presentación de una serie impresionante de estrellas del género, aunque incluía también de manera inexplicable a la agrupación de cumbia Los Ángeles Azules (de manera semejante a lo que sucedió en el escenario Las Clásicas, que estaba dedicado a la música regional mexicana pero colocó en su cartel a El Tri, la longeva institución rocanrolera y bluesera del mítico Álex Lora).

Una de las asistentes al evento.

Una de las asistentes al evento.

(Raul Roa/Los Angeles Times)

De todo un poco

En aras de la diversidad de esta nota, y con la finalidad de poder ver a Los Tigres y a la Guzmán, tuvimos que dejar el tabladillo abocado al rock antes de que este fuera ocupado por su artista de cierre, Juanes, aunque escuchamos desde afuera, antes de subirnos a uno de los ‘shuttles” que iban y venían de Union Station, la interpretación que el colombiano hizo de “La camisa negra”.

También nos perdimos una buena parte de lo que ofreció el grupo anterior, Café Tacvba, por andar justamente viendo a Fey (es que baila muy bonito) y a la legendaria Banda El Recodo de Cruz Lizárraga, que puso a danzar a varias parejas en el escenario Las Clásicas mientras sus numerosos integrantes lucían impecables trajes azules y apelaban a sencillos tan sonados como “Llegaste tú” y “La culebra” para seducir a sus seguidores.

También nos dimos una vuelta por el escenario Beso, que se llenó por completo cuando le tocó el turno a Crespo, pero que antes de eso fue el más despoblado -y, por lo tanto, el menos agobiante- del festival, aunque el acto de Los Askis que pudimos apreciar (y que consistió en una curiosa y pegajosa mezcla de cumbia y folklore andino, pese a que este es un grupo mexicano) tuvo una cálida recepción.

Volviendo a los ‘tacvbos’, llegamos a tiempo para escuchar seis canciones, entre ellas “La chica banda”, “El baile y el salón”, “Eres” y su logrado ‘cover’ de Los Tres, dedicado por el vocalista Rubén Albarrán -que estuvo imparable- a “todos aquellos que han emprendido su camino a las estrellas” y concluido, como es de rigor, con una coqueta sesión de baile por parte de todos los integrantes oficiales del conjunto.

Saúl Hernández encabezó a Caifanes.

Saúl Hernández encabezó a Caifanes.

(Raul Roa/Los Angeles Times)

Fuera de ello, y en desmedro de las escapadas ya citadas, fuimos testigos de mucho de lo que sucedió en el mismo entarimado, y no solo porque, como ya lo dijimos, este parecía ser el más interesante del evento, sino porque era el que se encontraba más lejos de la entrada y más separado de los otros, hasta el punto de que, en cierto momento de la noche, resultaba extremadamente difícil salir de su campo de acción para tratar de visitar los otros ambientes ante la inmensidad de la masa humana presente y la falta absoluta de iluminación en el camino. Que nos disculpen los asistentes que se encontraban desparramados por el suelo y a los que pisamos sin quererlo.

Lo que más nos gustó por allí fue la presentación de Caifanes, una banda que, tras el auspicioso reencuentro del 2011, se encuentra cada vez más diezmada -la salida del guitarrista Alejandro Marcovich se produjo hace ocho años, pero se acaba de prescindir también del bajista Sabo Romo-, y que, pese a ello, se las sigue ingeniando para ofrecer sesiones profesionales de incuestionable contundencia, lo que tiene sin duda que ver con el impresionante arsenal de canciones notables que posee, pero también con los aportes individuales de los músicos originales que se mantienen en la actual encarnación, entre ellos el baterista Alfonso André y el tecladista Diego Herrera (a quien vimos más activo que nunca).

Todo se encontró debidamente orquestado por el indiscutible líder Saúl Hernández (voz y guitarra rítmica), quien no tiene ni por asomo las virtudes de garganta del pasado (eso es historia conocida), pero que mantuvo intacta la onda mística que lo ha caracterizado siempre y, además de complacer a sus fans con clásicos de la talla de “No dejes que”, “Afuera” y la soberbia “Miedo”, se dio el lujo de entonar una pieza nueva bastante decente, “Sólo eres tú”.

Alejandra Guzmán hizo de las suyas en el escenario dedicado al pop.

Alejandra Guzmán hizo de las suyas en el escenario dedicado al pop.

(Raul Roa/Los Angeles Times)

Amores cercanos

Provocaba mucha curiosidad saber lo que pasaría con Enanitos Verdes, la célebre agrupación argentina de pop rock que sufrió un golpe a todas luces mortal en septiembre de este año debido a la inesperada muerte de su vocalista y bajista Marciano Cantero. Los organizadores del evento anunciaron hace pocos días no solo que la banda mantendría su participación, sino que daría un concierto de homenaje a Cantero con vocalistas invitados.

De ese modo, David Summers, de los Hombres G, intervino durante la interpretación de “Mi primer día sin ti” y “Lamento boliviano”, mientras que Albarrán entonó “Por el resto” y Noel Schajris, de Sin Bandera, se encargó de “Luz de día”.

Por ese lado, el momento más emotivo le correspondió a Summers, quien, al lado de sus Hombres G, y a lo largo de varios años, hizo con los Enanitos Verdes una serie de giras que lo llevaron a interpretar varias canciones normalmente entonadas por Cantero a causa del formato de las mismas presentaciones.

Las colaboraciones del sábado fueron muy simpáticas; quizás hasta memorables. No sucedió necesariamente lo mismo con el resto del set, donde el guitarrista Felipe Staiti -quien sigue siendo un virtuoso de las seis cuerdas, como lo demostró en cada uno de sus solos- se encargó del micrófono con mucho sentimiento, pero escasa voz. Sin embargo, lo más sorpresivo se produjo cuando él mismo dijo: “Los Enanitos estamos heridos, pero no muertos”, lo que insinúa la posibilidad de que siga tocando bajo el mismo nombre.

Antes de esto, Hombres G brindó un set compacto, sencillo y divertido, cargado de ‘hits’ como “Las chicas cocodrilo”, “Marta tiene un marcapasos” y “Devuélveme a mi chica”, y plasmado en una entrega musical llena de deudas con el pop, pero marcada también por innegables arrebatos rocanroleros y ‘skaseros’. Curiosamente, en el plano instrumental, el que más destacó fue el saxofonista Juan Muro, quien no es un integrante estable de la banda pero elevó por cuenta propia el nivel del segmento con sus intensos solos.

El veterano grupo español sigue despertando el entusiasmo del público con su actitud fresca y sus melodías despreocupadas, que llegaron hasta nuestros oídos amparadas por un excelente sonido. Esto entró en contradicción directa con lo que le pasó a la agrupación anterior, Zoé, cuya participación se vio seriamente afectada por inconvenientes de audio, despertando con ello la frustración del vocalista León Larregui.

Zoe's Leon Larregui sings at the first Besame Mucho Festival

León Larregui manifestó abiertamente su descontento ante los problemas técnicos que afectaron a su banda Zoé.

(Raul Roa/Los Angeles Times)

Rabieta con causa

Para ser claros, casi todo el set del grupo mexicano con tintes psicodélicos sucumbió ante desperfectos que implicaban tanto la ausencia casi total de sonido como la falta de volumen en el micrófono principal y que, al no solucionarse con el paso de los minutos, terminaron provocando un claro disgusto en Larregui, quien, como lo saben bien sus fans y sus ‘haters’, no suele quedarse callado cuando algo le molesta.

“Se oye de la ching… Pin…festival de cuarta. ¿Cómo quieren poner a tanta gente a tocar con tan poco tiempo de preparación?”, exclamó el cantante sin reparos. Para calmar su frustración y demostrarle a la audiencia que la queja no era contra ella, se bajó en cierto momento del estrado y se paseó entre los asistentes, sonriendo y dándole la mano a quien le extendiera la suya.

Cuando regresó al lado de sus compañeros para la presentación de “Vía láctea”, el sonido había mejorado de manera considerable, dándole rienda suelta a los numerosos matices musicales de una banda que parecía estar lista para dar un espectáculo inolvidable y que, además, era una de las propuestas más jóvenes dentro de un evento donde la mayoría de artistas podría haber compartido el mismo cartel hace veinticinco años. Pero el tiempo asignado estaba por terminar.

¿Fue este lamentable incidente culpa de los organizadores del festival, como lo proclamó Larregui, o responsabilidad directa de los técnicos de Zoé? En todo caso, ¿qué posibilidades reales tenía cualquier técnico de lograr el sonido sofisticado que requiere una banda como esta en medio de tantos apuros?

Julieta Venegas se mostró muy simpática.

Julieta Venegas se mostró muy simpática.

(Raul Roa/Los Angeles Times)

El concepto del escenario giratorio que se aplicó aquí, y que sirve para que no haya casi pausas entre los distintos artistas, era estupenda -la hemos visto aplicada con éxito en otros eventos-, pero los organizadores de Bésame Mucho tendrían que haber encontrado una manera más afortunada de implementarla.

En todo caso, las deficiencias de sonido se dieron igualmente en el acto previo de Julieta Venegas, quien tiene una propuesta mucho más simple que la de Zoé en términos sonoros. Pese a las mejorías que se dieron cerca del final, durante más tiempo de lo razonable, el acordeón no se escuchaba, el bajo tenía un volumen descomunal y el baterista mostraba su descontento por los tropiezos que tenía aparentemente con el manejo de los ‘tracks’ adicionales.

Sin embargo, a diferencia de Larregui, Venegas, que nos presentó piezas tan populares como “Lento”, “Andar conmigo” y “Eres para mí”, y hasta dos temas de su nuevo álbum, “En tu orilla” y “Tu historia”, se mostró siempre feliz y no manifestó insatisfacción alguna frente a sus seguidores.

Poco antes, Mago de Öz, la agrupación española abanderada del folk metal, aprovechó todavía el calor que se sentía -porque el frío paralizante llegaría después- para desgranar un repertorio breve pero contundente que tuvo un sonido decente, más allá de lo que se piense de su artificiosa propuesta. Sucedió lo mismo con Inspector, la primera banda que pudimos ver, y cuyo animado ska con inflexiones rancheras cumplió con las expectativas en más de un sentido.

Paulina Rubio también fue de la partida.

Paulina Rubio también fue de la partida.

(Raul Roa/Los Angeles Times)

Lecciones necesarias

Este es el primer Bésame Mucho que se hace, y en vista de las fenomenales cifras de asistencia, es probable que se hagan más. Al ser un debut, es justo y razonable entender los errores que se dieron, incluso cuando se sabe que los organizadores no son unos novatos en el oficio.

Sin embargo, hay muchas cosas que mejorar, y aparte de las ya señaladas, estas deberían incluir el rechazo a hacer algo así al aire libre en pleno invierno -fue prácticamente un milagro que no lloviera-, la búsqueda de un lugar que resulte más agradable para su realización -estar de pie en el concreto por tantas horas es insufrible- y la obligación de hacer anuncios importantes a tiempo -como eso de los cuatro pasajeros por auto, que no se respetó finalmente, pero que obligó a muchos a dejar sus vehículos en casa-.

Hay otro asunto que considerar, y este tiene implicancias más profundas. Si la idea era ofrecer un panorama generoso de la música comercial que es favorecida por la comunidad hispanohablante y de la escena alternativa que resulta más popular entre los nuestros, tendría que haber existido un escenario de estilos urbanos; y con ello, no nos referimos solo al reggaetón, sino también a corrientes que tienen una trayectoria mucho más larga en nuestro medio, como el hip hop en español.

Más allá de los gustos que se tengan, una omisión de esta clase deja no solo un sabor raro, sino que transforma al Bésame Mucho -que, como ya dijimos, contó mayormente con artistas bastante maduros- en un gran acto de nostalgia. Pero estamos seguros de que los enemigos del ‘perreo’ estarán totalmente en desacuerdo con este pedido.

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