Babásonicos demostró en el Ford que tiene todavía mucho que ofrecer

Con 13 álbumes en estudio dentro de su nutrida discografía, la banda argentina Babasónicos tiene a estas alturas un enorme repertorio que le permite además ofrecer conciertos entretenidos, propositivos y diversos, debido a que el afán constante de evolución de sus integrantes ha dado como resultado la existencia de composiciones que, sin perder de vista la raíz rockera, recurren a diferentes estilos y dan cuenta de un sinnúmero de influencias.

Ver a la banda en vivo garantiza siempre sorpresas y, además, una selección de canciones que no responden necesariamente al patrón de los ‘hits’, lo que quiere decir que hay que ir a ver a estos sudamericanos con espíritu aventurero y la mente dispuesta a lamentar la ausencia de temas que pueden ser tus favoritos. En nuestro caso, la falta más grande del concierto del jueves pasado en The Ford de Los Ángeles (completamente lleno) fue la ausencia total de cortes provenientes de “Babasónica” (1997), una placa fuertemente inclinada hacia el heavy metal que, de todos modos, había sido dejada paulatinamente de lado con el paso del tiempo por los mismos músicos.

En ese sentido, el trabajo más reciente del conjunto, “Trinchera”, lanzado en abril de este año, es probablemente uno de los menos agresivos y más bailables de su trayectoria; y fue ese el que ocupó el papel estelar de la velada, lo que se hizo evidente desde la primera pieza interpretada, “Bye Bye”, un sencillo que coquetea con el ‘disco’ sin dejar de lado los arreglos de guitarra, y que encontró al vocalista Adrián “Dárgelos” Rodríguez parado sobre las escaleras colocadas en una ladera de la misma montaña que le otorga un imponente fondo panorámico al anfiteatro donde se desarrolló el show.

En realidad, el cómodo auditorio al aire libre, que no suele presentar conciertos de esta clase, se convirtió en el escenario ideal de una faena que, más allá de sus excelentes cualidades sonoras, recurrió a un nivel de producción inesperado para un lugar de estas dimensiones, coronado por un impresionante juego de luces cuya amplitud y espectacularidad lo hacían digno de un estadio.

Para ser claros, no se escuchó todo el “Trinchera”, pero sí cinco temas más de la placa, entre ellos “Mentira nórdica”, un estupendo y misterioso corte de medio tiempo que se aleja de lo bailable para adoptar sinuosas inflexiones del ‘dark’, y “Anubis”, un ‘synthpop’ hecho y derecho con una letra enigmática que contradice su aparente superficialidad instrumental. Y como se interpretaron en total 26 canciones, hubo ocasión para revisar mucho material adicional (pero nada del “Babasónica” -insisto- y, ya que estamos en esto, nada tampoco del “Pasto”, del “Trance Zomba”, del “Depódramo” y del “Mucho”, lo que, valga la redundancia, es mucho decir -pero bueno, son 13 álbumes en estudio, sin contar los no oficiales-).

Le fue mejor al “Jessico” (2001) y al “Infame” (2003), los dos discos que marcaron el verdadero despegue internacional de Babasónicos y que fueron representados con cierta generosidad, lo que nos permitió escuchar creaciones tan populares para los seguidores casuales del grupo como la ‘funkera’ “Deléctrico”, las rockerísimas “Pendejo” y “Sin mi diablo”, la melodiosa “Putita” -sí, pese al nombrecito-, la nuevaolera “Irresponsables” y la romantiquísima -y a la vez ‘pachequísima’- “Risa”. Tampoco faltaron las celebradas y pegajosas “Carismático” y “Yegua”, procedentes del álbum “Anoche” (2005), que nos cedió además la grata pieza ‘nuevaolera’ “El colmo”, convertida en cierre de fiesta.

Otro momento del concierto.

Otro momento del concierto.

(Sindy Ortiz)

No estamos seguros de que todas las búsquedas sonoras de Babasónicos -algunas de las cuales se escucharon en The Ford- lleguen a buen puerto; sus seguidores acérrimos dirán que no estamos preparadas para ellas, por supuesto. Pero, en lo que respecta a las obras menos conocidas, hubo momentos especialmente inspirados, como el que le tocó a “Flora y fauno” [sic], una plácida pieza que se sumergía en cadencias propias de bandas sonoras para películas sobre el Viejo Oeste; el de “Lanza”, un rock tranquilo con fascinantes toques progresivos; y el de “Cretino”, un rock más fuerte -pero todavía controlado- con un argentinísimo coro.

Sea como sea, los momentos más intensos pusieron en evidencia los talentos de unos músicos que, en lo que a nosotros respecta, tienen en la cima a Diego Rodríguez, al menos en relación al nivel interpretativo, porque se trata de un guitarrista lleno de recursos que, sin ser pródigo en los solos, posee un estilo marcado por el ‘reverb’ que se adapta de algún modo a las diferentes composiciones sin dejar de lado sus influencias del surf, el spaghetti western, el rockabilly y la ya mencionada Nueva Ola.

Pero no hay que dejar de lado a Diego “Uma-T” Tuñón, quien, además de ser uno de los compositores principales del combo, eleva el sonido del mismo hasta niveles insospechados y no deja nunca de sorprender, lo que se hace notar principalmente en las piezas menos convencionales y en las más bailables.

Al centro de todo se encuentra, por supuesto, “Dárgelos”, quien mantiene siempre una actitud de lo más ‘cool’ y que, sin hablar nunca directamente con el público ni moverse tanto como el otro guitarrista, Mariano Roger (que es todo un bailarín), realiza de vez en cuando unos pasos y unos movimientos que enardecen de inmediato a la audiencia.

Pese a sus limitaciones de registro, el cantante -que no tiene ya el pelo largo de los viejos tiempos y que, además de sus canas, totalmente naturales a los 53, lució esta vez un llamativo atuendo blanco con claras referencias a la figura del gaucho- posee una voz absolutamente reconocible y expresiva. Además, es responsable directo de esa clase de letras ambiguas -y a veces inexpugnables- que son tan analizadas por los fans, lo que no le ha impedido elaborar relatos rebosantes de seducción.

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