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Flor Amargo impresiona con su versatilidad y su pasión en gran concierto angelino

Pese a que la presentación de ayer por la noche en el Levitt Pavilion del Parque MacArthur se anunció como si fuera el debut de Flor Amargo en un escenario de Los Ángeles, se trató en realidad del segundo concierto que la artista mexicana ofrecía en nuestra ciudad, porque actuó ya en el popular club Los Globos en septiembre de 2018.

Sin embargo, y en más de un sentido, este fue un show mucho más decisivo e importante que el anterior, porque además de haber sido gratuito y al aire libre (lo que convocó a una apreciable multitud en la que había tanto personas con mascarillas como espectadores sin ellas), marcó específicamente su mudanza al Sur de California, concretada hace solo unos días.

Y sobre todo, la mostró al lado de una banda recién formada que, además de permitirle la libertad de no encargarse de todos los instrumentos, sirvió tanto para el estreno de material con influencias musicales novedosas como para la obtención de un empaque sonoro y escénico mucho más profesional que el de los años anteriores, con el que tendría que demostrarle finalmente a sus detractores que es no solo una artista de verdad, sino una artista con las condiciones necesarias para alcanzar status de leyenda.

No se trata tampoco de que Emma Mayte Carballo Hernández (su nombre real) haya roto con el pasado. La primera parte de la presentación sí la tuvo sola en el piano, cantando con el ímpetu de siempre y combinando fragmentos de piezas de música clásica (no hay que olvidar que estudió en el Conservatorio Nacional de México) con selecciones de música tradicional entre las que destacaron “Ay, Jalisco, no te rajes”, “La Llorona” y “La sandunga”.

Después, todavía en el piano, la oaxaqueña criada en la capital azteca nos ofreció “Busco a alguien”, el agradable sencillo de pop alternativo que grabó hace algunos años al lado de la consagrada Mon Laferte; y al acabar, le dio paso a la joven cantautora angelina Agnez Azria para cantar a dúo con ella una versión de “Magia” (donde se combina el ‘indie’ con las inflexiones latinas) en la que la invitada introdujo partes en inglés. Fue una colaboración muy lograda, pese a que se vio afectada por unos incómodos acoples de sonido que no se presentaron en otros momentos del concierto.

Con el ambiente ya encendido, hizo su aparición la nueva banda, conformada por un timbalero, un conguero, un bajista, un trompetista y una vocalista adicional que respondía al nombre de Rocío, “La Dama de la Cumbia”. Fue entonces que todo cambió, porque la intervención de estos mismos músicos se prestó para la presentación de unos temas inéditos que formarán parte del álbum “La Reyna de la Cumbia” (cuyo lanzamiento será el 27 de agosto) y que, pese a lo que se podría pensar, van mucho más allá de un género específico.

La artista interpreta la batería en otro momento de la presentación.

La artista interpreta la batería en otro momento de la presentación.

(The Echo Parker / Vesper PR)

De ese modo, la poderosa composición “Claudia”, con la que se inició esta parte -y que cuenta aparentemente la historia de una mujer transexual-, se abrió con aires de tango y se transformó después en un son tradicional, respaldado por el excelente trabajo del timbalero; “Otros labios” -otra creación propia que vino después- recorrió terrenos cumbieros al lado de Rocío; y el ‘cover’ de “Nuestro juramento” -que Flor inició cantando a capella y al que se sumó después el grupo entero- fue un justo tributo a los valses sudamericanos.

Luego vino el momento más emotivo de la velada, porque la artista estelar – que exhibió siempre un formidable estado vocal, resultó tremendamente expresiva y se encargó en cierto momento de la batería- presentó otra canción de su autoría (“Rumbera”, con claras influencias del danzón) recordando que la había escrito originalmente para una persona indeterminada, pero que esta cobró realmente sentido tras la muerte reciente de alguien a quien quiso mucho (y que parece ser su abuela, a quien está dedicado el disco entero de “La Reyna de la Cumbia”).

Aunque lo que debía venir a continuación era la invitación al escenario de unas niñas locales que iban a cantar a su lado la optimista pieza “Tiempo”, Flor explicó que las restricciones del Covid-19 impedían finalmente hacer algo así, por lo que ella misma se agachó para poner su micrófono cerca de las pequeñas (que se encontraban en medio del público) y permitirles de ese modo que entonaran la tierna melodía, antes de regresar a su piano y a su micrófono para encargarse por cuenta propia de la misma composición.

Las selecciones de la producción que se aproxima regresaron a ritmo de cumbia (ahora con Flor a solas ante el piano) gracias a “Casarme contigo”, una pieza que ya se había dado a conocer públicamente pero que, esta vez, se vio sumada por un interludio de música clásica en el que no faltó la “Para Elisa” de Beethoven y que desembocó en una apasionada interpretación de “México lindo y querido” con la que se dio por terminada la impresionante experiencia en vivo. Esperen grandes cosas de esta excepcional mujer.

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